Saramago: el diálogo con Dios y con el Diablo PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Redacción   
Jueves 24 de Junio de 2010 17:32
Jaime Ordóñez

Cuando un gran escritor muere, las páginas de los periódicos se llenan de lugares comunes y frases hechas. Es un fastidio leer las tonterías que se imprimen. "Gloria de las letras lusas" o "tenía las llaves del parnaso y el alma de su pueblo", o cursilerías similares. Y el cuerpo del escritor recién enterrado –sobre todo si era muy talentoso, y amaba la precisión y la sabiduría del lenguaje, como fue el caso de José Saramago– con seguridad se revuelca en su tumba de puro enojo, o en remolinos se encrespa en las remotidades del aire, si el caso es que su cuerpo fue reducido a cenizas.


Para no caer en trampa semejante, al recibir la noticia de la muerte de José Saramago –el grandísimo escritor portugués que se nos acaba de ir a sus 87 años– pensé en dos ideas simples que pudieran sintetizar su obra. Y pensé en lo siguiente. El Evangelio según Jesucristo es un libro que con seguridad se leerá dentro de 300 años, si el planeta aguanta hasta entonces. Es un libro tan rotundo, tan hermoso, que con seguridad se convertirá en un clásico de la literatura, al igual que –después de varios siglos de haber sido escritos– lo son hoy El Quijote de Cervantes o los dramas de Esquilo y de Sófocles. Best seller y libracos hay muchos por allí, pero perduran apenas quince minutos en la memoria de la humanidad. Son pocos los que aguantan el paso del tiempo y las generaciones.


El Evangelio según Jesucristo de Saramago tiene en sus páginas uno de los diálogos más lúcidos y hermosos que se han escrito en la literatura universal. En un momento de la trama, Dios y el Diablo, frente a frente, subidos en una barca de remos y navegando sin dirección en un río inmemorial y abstracto, se trenzan en una discusión sobre la humanidad y su destino, que es –a fin de cuentas– una discusión sobre el bien y el mal, lo justo y lo injusto y –la más importante de todas– la discusión sobre el sentido de toda esta aventura que es la existencia. ¿Y si este río no desemboca en ningún mar? Esa es, en el fondo, la más grande de todas las preguntas.- De todos los libros de Saramago fue el que siempre más me impactó.-

La otra idea que vino a mi mente a la muerte de Saramago fue esta. Es una paradoja que un hombre ateo y comunista haya escrito algunas de las mejores páginas sobre Dios en toda la literatura europea del último siglo. Más lúcidas y certeras que las de cualquier teólogo. La paradoja es falsa, sin embargo. Al igual que Unamuno, otro ateo que escribió desgarradamente sobre Dios, Saramago siempre lo hizo desde el terreno de la libertad, no de la fe. Quizá por eso pudo tener un diálogo directo con Dios, frente a frente, mirándose a los ojos.-

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Comentarios (1)
1 Jueves 24 de Junio de 2010 22:43
alberto bremner
"Todos los nombres", mi primera experiencia literaria con este gran escritor...de ahí en adelante, se conviertió en un vicio literario...voy a extrarlo, como a mi querido Mario Benedetti...

...y les diría: "todos los libros que no podré leer ya"
 

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