Miguel Hernández: 1910-2010 PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Redacción   
Martes 20 de Julio de 2010 14:32
Jaime Ordóñez

A estas alturas de la lengua castellana, poco queda por decir de Miguel Hernández. El más puro y luminoso, como lo llamó Vicente Aleixandre. El más verdadero, el más real de todos, como confesó Neruda en su autobiografía. El poeta campesino que nació en la pequeña Orihuela, entre prados, ovejas y olivares. El que aprendió a leer y escribir sin parvulario y sin escuela. Y, a pesar de ello –o justamente por ello– el que fue capaz de heredarnos algunos de los poemas más hermosos y entrañables de nuestra lengua. El poeta dulce y bueno, el más inofensivo, el más transparente, pero asesinado –al igual que García Lorca, al igual que tantos otros– por la dictadura franquista en una oscura cárcel de Alicante, en el doloroso año de 1939. Ese año de 1939, tan fatídico, el mismo en que Franco autorizara a Hitler a usar el pueblo vasco de Guernica como laboratorio de prueba de sus armas de guerra, justo con las que después invadiría Europa.


Cien años se están celebrando del nacimiento de Miguel Hernández y noticias nos llegan de distintos puntos de planeta de la devoción y la entrañable pasión con que se recuerda su poesía. Desde Santiago a Buenos Aires; desde Madrid a Lima; desde México D.F. hasta Montevideo. Desde Tokio, donde según nos informa la Agencia EFE, miles de japoneses conocen sus versos, en español, o en su traducción japonesa. Cuando leí la noticia hace algunas semanas, lo pensé dos veces. Y al cabo de algunos minutos, me percaté que era lo más natural del mundo. Tanto en la poesía de Miguel Hernández como en los haikú o en la poesía silvestre japonesa existe la misma amorosa atención por el detalle, por la delicada percepción del mundo, a través una gota de lluvia después de la borrasca, o a través del párpado que se cierra en el ojo amado. El milagro de la naturaleza no es el huracán, sino el ojo que es capaz de percibir la pequeña hoja después del vendaval.


Como se sabe- una vez escrita- la poesía deja de ser del poeta y se vuelve de sus lectores. Cada uno tiene su propio Miguel Hernández. Yo tengo el mío. El Miguel Hernández que me resulta más entrañable, el que me genera una emoción siempre sostenida, cuando lo leo, una y otra vez, es el poeta amante de su mujer. Menos tu vientre, ese magnífico poema dedicado a su esposa– a su esencia, a su sexo, a su alegría y su tristeza, a la vida y a la muerte– es probablemente uno de los más hermoso poemas de amor jamás escritos. Es un poema lleno de soledad y de silencio. Pero también de amor. Creo que Miguel Hernández logró allí un registro tan hermoso como el poema que se atribuye al Rey David en el Cantar de los Cantares. Un registro como el de Cavafis en su regreso a Itaca, o el que han logrado apenas otros cuatro o cinco poetas, de todos los que en el mundo han sido.-

Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla



Agregue su comentario

Tu Nombre:
Tu sitio web:
Asunto:
Comentario:
Comentarios (1)
1 Martes 20 de Julio de 2010 17:37
alberto bremner
Llegó con tres heridas:
la del amor,
la de la muerte,
la de la vida.

Con tres heridas viene:
la de la vida,
la del amor,
la de la muerte.

Con tres heridas yo:
la de la vida,
la de la muerte,
la del amor.

Miguel Hernández
 

Columnistas

Dialéctica
Juan Manuel
Villasuso
Juan Manuel Villasuso
Miradas
Nora Garita

Nora Garita
La columna de
Jaime OrdóñezJaime Ordoñez
Secreto a voces
Sonia Marta MoraSonia MArta Mora
La Costa Rica que veoAlberto Cañas
Alberto Cañas
Doble Filo
Edgar Espinoza

Edgar Espinoza