Un fantasma recorre América Latina: las reformas Constituyentes. Durante el último lustro, los gobernantes bolivarianos de Venezuela, Bolivia, Ecuador y, por otro lado, la Colombia de Uribe--es decir, gobiernos con distintos signos ideológicos—
todos bajo el pretexto de corregir los grandes problemas de la democracia, se empecinaron en rimbombantes reformas Constituyentes, en pretensiosas refundaciones del Estado o en reformitas ad-hoc para buscar reelección de mandatarios. En general, el resultado ha sido negativo.- Ni la Constituyente de Chávez en Venezuela; ni la de Ortega en Nicaragua para buscar su reelección; ni la pretensión de la reforma colombiana, etc., resolvieron las demandas más urgentes de sus países. Todo lo contrario. La brocha gorda de la reforma constitucional ha servido, en unos casos, para conculcar libertades públicas; limitar los frenos y contrapesos; agudizar, tras un lenguaje artificioso y vago, los problemas de la democracia y el desarrollo político y económico. En otros casos, para satisfacer ambiciones personales.-
El problema está justamente allí: en la brocha gorda del voluntarismo constitucional, en lugar del pincel delgado y minucioso de la reforma a las leyes sustantivas y en la laboriosa construcción de institucionalidad moderna. América Latina no necesita altisonantes reformas constitucionales, sino leyes eficaces para la transparencia del gasto público y lucha contra la corrupción; modernización de la administración de la justicia; seguridad jurídica y registral para atraer inversión; reformas fiscales como las de la OCDE; aumentar la recaudación; sistemas de planificación y presupuestación pública de largo plazo; aumento de la inversión público social en salud, educación, infra-estructura, etc. En fin, laboriosa construcción institucional de la democracia.
Pero no. Nuestros caudillos latinoamericanos—hijos del tomismo; de la contrarreforma y del pensamiento mágico que cree en soluciones instantáneas—en lugar de hacer la letra menuda de la modernización técnica del Estado, apuestan por abracadabras constitucionales. El fracaso está a la vista. Para un sector de la izquierda populista latinoamericana, esas Constituyentes buscan eliminar frenos y contrapesos; conculcar libertades civiles y crear una cierta nebulosa basada en la democracia de base, ignorando la democracia representativa.- En el caso del otro sector, ortodoxo y neoliberal, la reforma constitucional busca promover la desreglamentación, eliminar derechos laborales y apostar por eso que llaman “flexibilización”, que no es otra cosa que deshacerse del Estado y las leyes de protección social. Ortodoxos del estado y del mercado, enfrentados, cada cual con su propia agenda.-
Hace un mes, invitado a Tegucigalpa, argumenté todo lo anterior en una conferencia sobre perspectivas de la democracia en ese país. El auditorio estaba partido: mitad empresarios; mitad zelayistas, cada sector apostando secretamente por su propia versión de Constituyente como llave mágica para dominar el país. Vehemente insistí en que los países realmente avanzados no cambian constitución cada diez años. Vean Inglaterra, con una Constitución de varios siglos; vean Francia, los EEUU. La solución anda por otro lado, aduje. Está en el detalle de las reformas jurídicas y económicas. Sin ir muy lejos, vean el éxito de Chile y Brasil, que calladamente han hecho su trabajo, sin fuegos de bengala ni artificios. Todo eso argumenté. Sin embargo, salí de Honduras triste y preocupado. Casi nadie quiere oír esas razones.-
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Don Jaime Ordóñez es un agudo observador, un buen escritor de la realidad por medio de sus artículos y un sincero expositor de sus ideas. Nadie lo puede negar.
Pero, don Jaime se equivoca en su visión general sobre Latinoamérica, precisamente cae don Jaime en lo que él tanto critica en este artículo, la visión de "brocha gorda", estamos de acuerdo en lo segundo, es decir, en la analogía del pincel fino, delgado y minucioso, pincel que permite dar el acabado a la estructura de la institucionalidad, eso don Jaime, eso se logra a nivel Micro y a Nivel Meso, pero no se puede estar de acuerdo con un pincel fino y delgado en los niveles Macro y Meta de una sociedad, tanto más cuando entre costarricenses hablamos y vivimos.
Recuerde don Jaime, recuerde que una vez sentado Figueres Ferrer en algún sillón de las instalaciones de la Junta Fundadora de la Segunda República, pensando cómo impulsaba su texto de discusión y de reforma a la Constitución que enviaría a la Asamblea Nacional Constituyente de 1949, Figueres se da cuenta que no tenía cómo impulsar un cambio a la Constitución del momento, la cual era de 1871, dado que solamente había sacado cuatro representantes de su pensamiento reformista, ¿dónde estaban los demás constitucionalistas de Figueres? Estaban muertos, él mismo había impulsado un guerra civil y los había matado en combate, ahora los necesitaba vivos, pero era muy tarde..., la oligarquía fue la verdadera triunfadora de la Guerra del 48 y desde su fría tumba, el General Tomás Guardia sigue manejando los hilos del poder en Costa Rica. Simplemente en materia de Constitución Figueres fracasó.
No es loable comparar a Costa Rica con las hermanas repúblicas de Ecuador, Venezuela, Bolivia y Colombia, simplemente su devenir histórico es diferente al de Costa Rica.
Costa Rica es diferente.
Tan es así que nadie puede asegurar que en Costa Rica existe lo que Usted denomina con el nombre de "izquierda populista", aunque no se puede negar que sí ha existido una "social-democracia demagógica" al estilo de Daniel Oduber Quirós y una "derecha quemeimportista" al estilo de Óscar Arias Sánchez y un pueblo "pescado" con imágenes, cuentos y leyendas que transforman un vehículo Hyundai en un Mercedez Benz con sólo creer al mago de turno en Zapote.
Por esa razón, por la misma que Usted aduce de caudillos tomistas, de la contrarreforma, de las soluciones instantáneas, porque Costa Rica necesita gente seria y valores serios e instituciones serias, es que se necesita un Asamblea Nacional Constituyente, para dejar que el General Guardia y la Oligarquía TeLeCera dejen de sacar conejos de la manga y Austin Martins del discurso.
Eso de que Costa Rica no necesita una nueva constituyente, no se lo cree ni su propio corazón allá en los confines del alma, allá en los ratos de fina introspección personal.
Mejor don Jaime, búsquese otro tema, al menos para Costa Rica, no pierda su brillo intelectual ni lo sesudo de su análisis, que aquí en la tierra donde algo huele a podrido -por si le suena familiar la frase- hace falta más que un pincel delicado y fino para hacer brotar una verdadera institucionalidad democrática.
Hago propicia la ocasión para reiterarle mis muestras de consideración y estima.
Pero, don Jaime se equivoca en su visión general sobre Latinoamérica, precisamente cae don Jaime en lo que él tanto critica en este artículo, la visión de "brocha gorda", estamos de acuerdo en lo segundo, es decir, en la analogía del pincel fino, delgado y minucioso, pincel que permite dar el acabado a la estructura de la institucionalidad, eso don Jaime, eso se logra a nivel Micro y a Nivel Meso, pero no se puede estar de acuerdo con un pincel fino y delgado en los niveles Macro y Meta de una sociedad, tanto más cuando entre costarricenses hablamos y vivimos.
Recuerde don Jaime, recuerde que una vez sentado Figueres Ferrer en algún sillón de las instalaciones de la Junta Fundadora de la Segunda República, pensando cómo impulsaba su texto de discusión y de reforma a la Constitución que enviaría a la Asamblea Nacional Constituyente de 1949, Figueres se da cuenta que no tenía cómo impulsar un cambio a la Constitución del momento, la cual era de 1871, dado que solamente había sacado cuatro representantes de su pensamiento reformista, ¿dónde estaban los demás constitucionalistas de Figueres? Estaban muertos, él mismo había impulsado un guerra civil y los había matado en combate, ahora los necesitaba vivos, pero era muy tarde..., la oligarquía fue la verdadera triunfadora de la Guerra del 48 y desde su fría tumba, el General Tomás Guardia sigue manejando los hilos del poder en Costa Rica. Simplemente en materia de Constitución Figueres fracasó.
No es loable comparar a Costa Rica con las hermanas repúblicas de Ecuador, Venezuela, Bolivia y Colombia, simplemente su devenir histórico es diferente al de Costa Rica.
Costa Rica es diferente.
Tan es así que nadie puede asegurar que en Costa Rica existe lo que Usted denomina con el nombre de "izquierda populista", aunque no se puede negar que sí ha existido una "social-democracia demagógica" al estilo de Daniel Oduber Quirós y una "derecha quemeimportista" al estilo de Óscar Arias Sánchez y un pueblo "pescado" con imágenes, cuentos y leyendas que transforman un vehículo Hyundai en un Mercedez Benz con sólo creer al mago de turno en Zapote.
Por esa razón, por la misma que Usted aduce de caudillos tomistas, de la contrarreforma, de las soluciones instantáneas, porque Costa Rica necesita gente seria y valores serios e instituciones serias, es que se necesita un Asamblea Nacional Constituyente, para dejar que el General Guardia y la Oligarquía TeLeCera dejen de sacar conejos de la manga y Austin Martins del discurso.
Eso de que Costa Rica no necesita una nueva constituyente, no se lo cree ni su propio corazón allá en los confines del alma, allá en los ratos de fina introspección personal.
Mejor don Jaime, búsquese otro tema, al menos para Costa Rica, no pierda su brillo intelectual ni lo sesudo de su análisis, que aquí en la tierra donde algo huele a podrido -por si le suena familiar la frase- hace falta más que un pincel delicado y fino para hacer brotar una verdadera institucionalidad democrática.
Hago propicia la ocasión para reiterarle mis muestras de consideración y estima.
Me despido de suyo servidor,
Róger Méndez Benavides, Ph.D.